28.1.12

ausencio...

El otro día fui al salón de belleza al que solía ir mi madre, yo la acompañaba cuando niña y veía el lugar inmenso, luminoso, lleno de gente y con todos los olores típicos de spa. El estilista del lugar le cortó el cabello a las mujeres de mi familia por mucho tiempo, un divillo con talento que tenía mucha fama y viajaba haciendo cortes para pasarelas y tal. Ese día desperté con una sensación retro, los coreanitos de la Condesa me quedaban demasiado lejos y mi cabello estaba hecho un desastre, entonces llamé por teléfono al salón, hice una cita y llegué. Que sensación más extraña, todo estaba opaco y lleno de telarañas, nadie me ofreció café, el estilista estaba en pants, la fuente a la entrada del salón ya no tenía agua, mucho menos peces, había un televisor apagado y yo era la única clienta. El hombre me habló de sus buenos tiempos, de los viajes por Japón, de sus técnicas de innovación y las pistolas de aire caliente en sustitución de los tubos rizadores de los 70'. Yo lo escuché y dejé que me cortara el cabello más por caridad que por convencimiento, me habló de sus hijos, de todo lo que no había sido, dijo que él ya había llegado muy alto y ahora no le tocaba hacer más, que moriría diseñando looks pero por hobbie. Me dejó un corte que no me pertenece, el largo intacto, el estilo de lady Di, fatal, me hizo pensar en la última vez que me cortaron el cabello en la lagunilla, una chica en shorts con pinta de pin up que fumaba y bebía cerveza mientras me dejaba punketísima. Cuando quitó el protector de tela sobre mi ropa... supe que era el momento exacto de un cambio generacional definitivo, me despedí, subí al coche y me despeiné un poco con las manos.

0 ash, comenta anda!:

Post a Comment

ecco!